Alimentos e Inmunidad

A pesar de nuestros mejores esfuerzos, células cancerosas aparecen en el cuerpo de tanto en tanto. Afortunadamente, contamos con células blancas en la sangre que se encargan de localizarlas y eliminarlas. Algunas de estas células blancas se llaman “natural killers” (asesinos naturales) pertenecen al grupo de las células linfocitarias (linfocitos) y viajan por nuestro torrente sanguíneo localizando y destruyendo células malignas y bacterias.

Estos “agentes protectores” fagocitan a las células aberrantes antes de estas puedan causar mayores daños. La función de un “natural killer” y otras células blancas de la sangre mejora aún con cantidades tan pequeñas como 30 miligramos de beta-caroteno por día, lo que contienen 2 zanahorias grandes. (Ref. 11,12)

Si bien es seguro ingerir beta-caroteno, aún en cantidades considerables, la mejor manera de obtener el esta sustancia no es en una píldora. Lo mejor es incluir en nuestra dieta zanahorias, espinaca, acelga y otros vegetales. El beta-caroteno es solo una de más de 12 sustancias naturales relacionadas llamadas carotenoides que se encuentran naturalmente en vegetales y frutas, y que tienen diversos grados de actividad biológica.

Las vitaminas C y E junto con el Selenio son reforzadores natural del sistema inmunológico a la vez que presentan un efecto antioxidante, pero la importancia de este efecto en contra del cáncer todavía no fue dilucidada por completo. (Ref. 13 y 15)

Las grasas atentan contra la inmunidad, reducir la ingesta de grasas en la dieta ayuda a fortalecer las defensas contra las células que pueden malignizarse. Investigaciones han demostrado el efecto positivo de dietas bajas en grasas sobre la inmunidad. (Ref.16) En estos estudios se sometió a un grupo de voluntarios sanos a una dieta con un contenido limitado de grasa de un 20%, reduciendo grasas y aceites – no solo saturadas o insaturadas. Tres meses después, los investigadores extrajeron sangre de los voluntarios y examinaron el comportamiento de sus células “natural killers”. El resultado mostró una mejora significativa en la actividad de estas células.

Si bien los aceites vegetales son muy superiores a las grasas animales en lo que respecta a la salud del corazón, cuando se trata del sistema inmune, la grasa vegetal no es mejor a la animal. En experimentos, los investigadores descubrieron que cuando se inyectó aceite de soja intravenosa en voluntarios sanos, sus células blancas dejaron de trabajar correctamente. El mismo experimento realizado in vitro mostró los mismos resultados. (Ref. 17 y 18)

Del mismo modo, los ácidos grasos omega 3 que se encuentran en el aceite de pescado, vegetales verdes, soja, semillas de lino y aceite de canola, también tiene un efecto negativo sobre la inmunidad cuando se ingiere en exceso (Ref. 19-21) La conclusión final es que, cuando se trata de grasas, lo más seguro es reducir su consumo al mínimo posible.

No debería sorprender a nadie que los vegetarianos tengan un sistema inmune más robusto y eficiente que las personas que comen carne. Los estudios de las células blancas de la sangre de vegetarianos han mostrado más del doble de capacidad en destruir células cancerosas que las de sus pares que comen carne. (Ref. 22) El efecto reforzador de la inmunidad de las dietas vegetarianas se debe en parte al contenido en vitaminas, el reducido nivel de grasa y algunas otras contribuciones como por ejemplo la menor exposición a sustancias químicas tóxicas que se encuentran en las proteínas de origen animal.

Referencias:
11. Watson RR, Prabhala RH, Plezia PM, Alberts DS. Effect of beta-carotene on lymphocyte subpopulations in elderly humans: evidence for a dose-response relationship. Am J Clin Nutr 1991;53:90-4.
12. Makinodan T, Lubinski J, Fong TC. Cellular, biochemical, and molecular basis of T-cell senescence. Arch Pathol Lab Med 1987;111:910-4.
13. Beisel WR. Single nutrients and immunity. Am J Clin Nutr 1982;35:Feb(suppl):417-68.
14. Watson RR. Immunological enhancement by fat-soluble vitamins, minerals, and trace metals: a factor in cancer prevention. Cancer Detection and Prevention 1986;9:67-77.
15. Chandra S, Chandra RK. Nutrition, immune response, and outcome. Progress in Food and Nutrition Science 1986;10:1-65.
16. Barone J, Hebert JR, Reddy MM. Dietary fat and natural-killer cell activity. Am J Clin Nutr 1989;50:861-7.
17. Nordenstrom J, Jarstrand C, Wiernik A. Decreased chemotactic and random migration of leukocytes during intralipid infusion. Am J Clin Nutr 1979;32:2416-22.
18. Hawley HP, Gordon GB. The effects of long chain free fatty acids on human neutrophil function and structure. Lab Invest 1976;34:216-22.
19. Endres S, Ghorbani R, Kelley VE, et al. The effect of dietary supplementation with n-3 polyunsaturated fatty acids on the synthesis of interleukin-1 and tumor necrosis factor by mononuclear cells. N Engl J Med 1989;320:265-71.
20. Kelley DS, Branch LB, Love JE, Taylor PC, Rivera YM, Iacono JM. Dietary alpha-linoleic acid and immunocompetence in humans. Am J Clin Nutr 1991;53:40-6.
21. von Schacky C, Fischer S, Weber PC. Long-term effect of dietary marine omega-3 fatty acids upon plasma and cellular lipids, platelet function, and eicosanoid formation in humans. J Clin Invest 1985;76:1626-31.
22. Malter M, Schriever G, Eilber U. Natural killer cells, vitamins, and other brood components of vegetarian and omnivorous men. Nutr Cancer 1 989;12:271-8.