El poder de la mente: el más brillante de los científicos argentinos habla sobre el origen de las ideas, su “viaje” a través del espacio-tiempo con lápiz y papel, y su fe en Dios.

“Para mi, los estudios científicos son una forma de entender mejor las leyes que Dios diseñó”

Juán Martín Maldacena, físico porteño de 43 años radicado en Estados Unidos desde hace dos décadas, casado y con dos hijos chicos (“Son mi mayor orgullo”, dice), parece ser un superdotado o visionario capaz de romper las fronteras del tiempo y del espacio con el único poder de la mente. Pero él sonríe y relativiza su mérito. la mayor parte de sus aportes teóricos, dice, no se debe a raptos geniales de inspiración, sino a trabajo duro y dedicación. “El que no busca no encuentra”, resume quien acaba de ganar un premio de U$S 3 Millones, el Premio Yuri Milner a la Física Fundamental, aunque dice que todavía no sabe qué va a hacer con el dinero.

La llamada “conjetura de Maldacena” que formuló en 1997, una especie de Piedra de Rosetta que asocia los “jeroglíficos” de la mecánica cuántica con el lenguaje de la teoría teneral de la Relatividad de Einstein, lo volvió famoso en el mundo académico. Maldacena ofrece una analogía para intentar explicarla: “A ver…es como si hubiera un montón de hormigas o partículas en la superficie de una manzana, y el movimiento e interacción de esas hormigas se puede pensar de manera equivalente a las de gusanos que viven en el interior”.

Postuló su teoría a la edad de 29 años, y desde entonces, no parado de recibir reconocimientos por parte de las más prestigiosas organizaciones científicas. Según sus propias palabras, fue un antes y un después en su vida. Cuando se le pregunta cómo arribó a sus conclusiones comenta “Con lapicera y papel. La mayor parte es trabajo duro y dedicación: el que no busca no encuentra.La conjetura no se dio de repente, sino que está muy estrechamente relacionada con ideas y métodos que habían sido diseñados antes por otros investigadores. Había una idea entre los científicos de que la teoría de partículas se relacionaba de alguna forma con la gravedad, pero no estaba claro cuál era la relación precisa. Y hubo un momento en el que me di cuenta de cuál era la versión correcta de esa relación”.

Hoy en día es común que comparen a Maldacena con Albert Einstein. Después de trabajar cuatro años como profesor en la Universidad de Harvard, aceptó en 2001 un cargo en el mismo Instituto de Estudios Avanzados de Princeton que cobijó al f’ísico alemán durante sus últimas dos décadas de vida. Además lidera con holgura el Índice de Einstein: un indicador diseñado por el físico holandés Johannes Koelman que procura identificar al “próximo Einstein”. En esta escala está por encima de Stephen Hawking, quien tiene el 7mo lugar y de científicos que están en el 4to lugar (Lisa Randall) y 3er lugar (Edward Witten). Maldacena afirma, humilde, que “no cree mucho en esas cosas”

A diferencia de Einstein, quien no reconocía la existencia de Dios y escribió en 1954 “Si hay algo en mí que pueda llamarse religioso es la ilimitada admiración por la estructura del mundo, hasta donde nuestra ciencia puede revelarla”, Maldacena contesta con un sí rotundo cuando se le pregunta si cree en Dios.

Un interrogante que le plantean como científico es si sus hallazgos científicos podrían entrar en tensión con su fe. La respuesta de esta mente prodigiosa es “No. Para mi, los estudios científicos son una forma de entender mejor las leyes que Dios diseñó

Revista Cielos Argentinos, nota de Matías Loewy.

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