¿Por qué fue necesario el nacimiento de Cristo?

nacimiento-de-jesusCon el nacimiento de Jesucristo, la encarnación del Hijo de Dios, comienza a concretarse el plan de Dios para rescatar al mundo perdido. Dice la Biblia: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). En el plan divino, el Hijo fue “destinado desde antes de la fundación del mundo” para salvar al hombre y abrirle una puerta de esperanza a la humanidad (1 Pedro 1:19, 20).Dice la Escritura que tan pronto como Adán y Eva pecaron, Dios les dio esperanza: Les prometió introducir una enemistad sobrenatural entre la serpiente y la mujer, entre su simiente y la de ella. En la misteriosa declaración de Génesis 3:15, la serpiente y su descendencia representa a Satanás y sus seguidores; la mujer y su simiente simboliza al pueblo de Dios y al Salvador del mundo. Esta declaración fue la primera afirmación de que la controversia entre el bien y el mal terminaría en la victoria del Hijo de Dios. Sin embargo, la lucha sería cruenta y dolorosa: “Esta [el Salvador] te herirá en la cabeza [a Satanás], y tú [Satanás] le herirás [al Salvador] en el calcañar” (Génesis 3:15). Nadie saldría incólume del conflicto.

Desde ese momento, la humanidad comenzó a esperar la venida del Prometido. Las profecías del Antiguo Testamento aseguraban que cuando llegara el Salvador prometido, el mundo tendría evidencias que confirmarían su identidad.

Predicciones acerca de un Salvador

Dios prometió que el Salvador —el Mesías, el Ungido— surgiría del linaje de Abrahán: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” (Génesis 22:18). El profeta Isaías predijo que el Salvador vendría como un Hijo varón y que sería tanto humano como divino: “Porque un Niño nos es nacido, Hijo nos es dado y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz” (Isaías 9:6). Este Redentor ascendería al trono de David y establecería un reino eterno de paz (Isaías 9:7). Belén recibiría al Prometido (Miqueas 5:2).

Confirmando la profecía de Isaías 7:14, el Nuevo Testamento describe su nacimiento sobrenatural: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (S. Mateo 1:23).

Además, la Biblia profetiza que el Mesías sufriría el rechazo de la gente. Lo considerarían como “raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto… y no lo estimamos” (Isaías 53:2-4).

Uno de sus amigos lo traicionaría (Salmo 41:9) por treinta piezas de plata (Zacarías 11:12). Durante su juicio lo escupirían y lo azotarían (Isaías 50:6). Quienes lo ejecutasen echarían suertes por sus ropas (Salmo 22:18). Ninguno de sus huesos habría de ser quebrado (Salmo 34:20), pero su costado sería traspasado (Zacarías 12:10). No se resistiría, sino que “como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:7).

El Salvador identificado. Únicamente Jesucristo ha cumplido estas profecías. Las Escrituras trazan su genealogía hasta Abrahán, llamándolo el Hijo de Abrahán (S. Mateo 1:1), y Pablo afirma que la promesa hecha al patriarca Abrahán y a su simiente se cumplió en Cristo (Gálatas. 3:16). Muchas veces Cristo fue llamado“Hijo de David”, o Mesías (S. Mateo 21:9).

Un decreto romano condujo a sus padres a Belén, lugar predicho para el nacimiento del Mesías (S. Lucas 2:4-7). Jesús identificó su misión con la profecía de Isaías 61:1, 2: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (S. Lucas 4:17-21).

Hacia el final de los tres años y medio del ministerio de Jesús, Judas Iscariote —un discípulo— lo traicionó (S. Juan 13:18; 18:2) por treinta piezas de plata (S. Mateo 26:14, 15). En vez de resistirse, Cristo reprendió a sus discípulos por tratar de defenderlo (S. Juan 18:4-11). A pesar de ser inocente de cualquier crimen, menos de 24 horas después de que fuera arrestado, había sido escupido, azotado, juzgado, condenado a muerte y crucificado (S. Mateo 26:67; S. Juan 19:1-16; S. Lucas 23:14, 15). Los soldados echaron suertes sobre su ropa (S. Juan 19:23, 24). Durante su crucifixión, ninguno de sus huesos fue quebrado (S. Juan 19:32, 33, 36); y después que murió, los soldados atravesaron su costado con una lanza (S. Juan 19:34, 37).

La Biblia revela que Dios envió a su Hijo al mundo “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4:4).Cuando Cristo comenzó su ministerio, proclamó: “El tiempo se ha cumplido” (S. Marcos 1:15). La primera Navidad fue el cumplimiento del programa profético de Dios en la historia.

Y así como se cumplió el plan profético de Dios en la primera venida de Cristo, se cumplirá también en la segunda venida. En Apocalipsis 22:12, leemos: “Ciertamente vengo en breve”. Jesús volverá pronto para inaugurar su reino de gloria.

En estos días de Navidad recordamos el nacimiento del Hijo de Dios. Reavivemos entonces la esperanza de toda la humanidad: El hombre fue creado por Dios para un destino eterno. ¿Lo cree usted?

Citado de El Ojo Adventista 

Fuente: El Centinela / Diciembre 2010
Autor: Dr. Ricardo Bentancur, escritor, filosofo y teólogo uruguayo, actualmente editor asociado de EL CENTINELA. Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de Córdoba; licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Buenos Aires; licenciado en Teología por la Universidad Adventista del Plata y la Pontificia Universidad Católica de Buenos Aires. Ex redactor de la Asociación Casa Editora Sudamericana, Bs. As., Argentina y actual redactor de Pacific Press Publishing Association, en Idaho, Estados Unidos. Autor de dos libros y de numerosos artículos sobre teología, filosofía de la religión y fenomenología, publicados en revistas de difusión y especializadas de Europa y de las tres Américas.